jueves, 14 de septiembre de 2017

La resurrección de Arimatea

El cuerpo del Maestro debió pudrirse en el madero, como el de Barrabás. En cambio, dicen que murió sorprendentemente rápido, y que su cuerpo fue reclamado. Con éxito, además.
Si hay resurrección, no puede haber cuerpo. Arimatea pudo robarlo desde el sepulcro, que era de su propiedad. Pudo incluso llevárselo sin más, y enterrar los sudarios, sin el cuerpo. Enterrarlos sin enterrarlos. Era una cueva, no un pozo.
Tanto como seguidor secreto, Arimatea podía ser detractor secreto. Al pedir el cuerpo dejó de ser un cristiano encubierto. Si no lo mataron a él también, por traidor al gobierno colaboracionista que integraba, es que no era cristiano, o es que era un genial malabarista de la intriga.
Pudo robarlo por encargo de cualquiera de ambos bandos. A los cristianos les interesaba que el Rabbi resucitara. A los gobernantes, que se pudriera, o que se creyera que lo robaron. A ambos, entonces, podía interesar que se regara la inconcebible patraña. Pudo robarlo por encargo de ambos.
La historia de Arimatea puede arrojar luz. Si no certeza.

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