miércoles, 25 de enero de 2012

Pero no bailan

-Yo soy el más terraja, y resulta que soy el único que baila. Inevitable, che. La ley del embudo.
-No te equivoques, pará. Sos megalómano hasta para tirarte abajo. Ni sos el más boludo, ni bailás con la más linda.
-Ni lo pretendo. Soy un hombre de trabajo.
-¿Qué dice?-, mirando a Eguía.
- Dice que no pagó la orquesta. Herencia de antiguos concubinos.
-¡Encima brisco!
-Soy el único que baila. A ustedes les sobran condiciones, pero tienen que cuidarse. No toman, porque les crece la panza. No bailan, porque no toman, y porque mañana temprano tienen partido en la liga. Y ahí entro yo, corriendo de atrás, juntacadáveres. Me acerco tímido a la hija del patrón (quien, además de rica, está buenísima), y le pido la pieza, escarbándome uña con uña y mirando al piso.
-¡Llegó el hombre de la casa, Pepitaaaa!
-Exacto. Pero cuando la calzo con mis enérgicos dedos en su cadera y mi audaz muslo en su entrepierna, y le explico la cosmogonía respirándole en la oreja, decide decirle al padre que yo soy un fenómeno, que me haga jefe de todos ustedes. Al otro día estoy mandándolos, haciendo sonar los dedos.
-¿Y nosotros, mientras?
-Ustedes, mientras, comen saladitos. Sentados en plena luz, con las corbatas en su lugar y los trajes de USD 1000 . Señorialmente fríos y distantes, convencidos de que la majuga en pleno suspira por ustedes. Y suspiran, nomás. Como para no. 3.14 tiene un manejo del castellano que ni Borges. Eguía tiene un torbellino de ideas que ni Joyce. Y con eso no estoy diciendo que uno y otro no tengan conceptos y dominio de la lengua, respectivamente. ¡Las minetas que habrás hecho, Eguía!
-Y vos tenés las dos.
-¡No! Yo lo único que tengo, creo, es huevos. Empujo y empujo hasta que el bandoneón se digna escupir una nota.
-Te lo digo siempre-, dice Eguía. –Para músico, servís.
-Tu agresiva teoría está más que perimida, querido. Era tan perecedera, tan caduca que le bastó un fin de semana a la intemperie para fenecer. ¡Leé un poco! ¡Desasnate! ¿Sabés que tienen de común Bryce y Bucowski, además de la be? ¿Miller y Cortázar? ¿Svevo y Joyce?
-Svevo y Joyce sí sé, pero me imagino que no es lo que estás buscando.
-Thoreau también, me olvidaba.
-Sos una máquina de escupir nombres, papá.
-Y no los leí, a mucha honra.

viernes, 20 de enero de 2012

Dígame: ¿cuanto pago, de impuestos?

¿Quién no tiene amigos economistas? Yo, tengo muchos, y de lo más encumbrados. Altos dignatarios del mundo de las finanzas, las empresas, la academia, los gremios, y hasta el gobierno. Cada tanto vuelvo al ataque con la misma pregunta, y siempre sin éxito. La respuesta es inevitablemente condescendiente, paternal. No es un tema del que deba ocuparme. Para eso están ellos. Pero ellos no me dan la respuesta. Para eso están ellos: para que yo no sepa. Cuentan con sus poderosísimos métodos econométricos, pero voluntariamente se abstienen de usarlos, con el único fin de dejarme bien a oscuras. Todo economista lleva un gobernante adentro.

Les planteo ahora la pregunta, a ver si alguno de ustedes se apiada de mí. ¿Cuanto cuesta el gobierno? Dicho de otra manera: ¿cuanto pagamos, de impuestos? O, si quieren mayor respeto y objetividad: ¿cuanto pago, de impuestos?

Tal vez podamos ponernos de acuerdo en que la creencia popular ubica la carga impositiva que soportamos los uruguayos en 40%. Es decir, que de cada 100 pesos que nos entran, cuarenta se los queda el gobierno.

Ya en este punto empiezan mis dudas. Este cuarenta por ciento parece venir exclusivamente de un dedo chupado y elevado al viento, forma moderna y marítima del ojo de buen cubero, en un mundo que ha abandonado las cubas. Algunas veces parece que la falsedad de la afirmación es evidente y contundente. Aunque no lo puedan creer, muchas de las veces en que alguien comete la indiscreción de dar una aproximación al total de impuestos que paga la sociedad uruguaya, sólo toma en cuenta los impuestos nacionales. De pique, nomás, se descarta la órbita municipal, con 19 departamentos dispendiosos que mantener. Mi aproximación primaria, y de buen cubero, es que los 19 gobiernos departamentales deben costar no menos de la mitad de lo que cuesta el gobierno nacional, con lo cual los uruguayos llegaríamos rutilantemente a la cifra de sesenta por ciento de impuestos. Es decir: de cada cien pesos que recibimos, sesenta se los queda el estado.

Hay dos tipos de impuestos declarados: el IVA, y los demás.
El IVA se calcula de modo de evitar duplicaciones. Nadie paga IVA sobre algún otro IVA. El proveedor emite su factura desglosando el IVA. El que la recibe, cuando a su vez emite su factura, calcula el IVA que cobra sobre el monto sin IVA. Esto sucede infinidad de veces, sin que jamás aparezca un IVA que haya sido calculado sobre algún IVA previo.
Esto no sucede con los demás. Los impuestos que no son IVA están sujetos a IVA. Impuestos sobre los combustibles, impuestos a la renta de las empresas, impuestos a la renta de los asalariados, impuestos para la educación, impuestos específicos, patentes de rodados, contribución inmobiliaria, son algunos ejemplos. El consumidor final paga la totalidad de los impuestos que no son IVA. Paga directamente los que le son asignados, y paga indirectamente los que fueron pagados por algún productor de algún bien o servicio. Además, paga IVA sobre la parte de los impuestos no IVA que no pagó directamente. El productor incluye en sus costos los impuestos no IVA, y les carga el IVA.
Así, una parte nada despreciable del IVA recaudado es calculado sobre impuestos. Impuestos de impuestos. Cuanto más impuestos no IVA cobra el gobierno, más recauda a su vez en IVA. Parece mágico. El efecto multiplicador de los impuestos.

Hasta aquí los impuestos declarados. El gobierno nos cobra el IVA y los otros impuestos sin disimular. “Estos son los impuestos que hay que pagar”, nos dice. “Estos son los montos y tasas y porcentajes que hay que desembolsar”, nos dice. No se nos concede la gracia de tener opinión al respecto, cosa que no preocupa ni al gobernado ni al gobernante.

Además de la larga lista de gravosos impuestos oficiales, los uruguayos pagamos impuestos no declarados. Unos surgen de las actividades económicas del estado, en calidad de monopolio legal o de facto. Otros toman la forma de contribuciones, es decir compras forzosas. Entre ellas la seguridad social obligatoria, y los llamados seguros médicos. Y no olvidemos los impuestos que surgen de la pérdida de valor de la moneda de curso legal.
Los productos y servicios que provee el estado y nada más que el estado cuestan necesariamente más de lo que deberían. El sobrecosto funciona exactamente igual que los impuestos declarados no IVA: todos ellos son pagados por los consumidores finales, sumándoles el IVA, faltaba más.
La inflación, el mayor y más injusto de los impuestos, se paga de manera desigual. Lo cargan aquellos que, por obligación o desconocimiento, terminan teniendo en su poder moneda que emite el gobierno, y que sistemática y deliberadamente desvaloriza. El que tiene ahorros en pesos, y el que espera a fin de mes para cobrar un sueldo en pesos. Los asalariados y los ahorristas son las víctimas a las que apunta el gobierno con la inflación, sin sombra de piedad.

Todo esto es para mostrarles que sí he pensado al respecto. Para que vean que no vengo a ustedes con la pregunta de perezoso, nomás. Sé que lo único que hice fue enumerar. Sé que falta la cuantificación. Una vez más: que algún economista se apiade de mí. Quiero saber qué porcentaje de mis ingresos no son míos sino del ogro.

lunes, 16 de enero de 2012

QUÉ SORPRESA

Soy brisco desde siempre, Timo. Desde mucho antes de que nos conociéramos. Si no lo notaste fue porque no quisiste. ¿Por qué te creés que me vestía como me vestía? Acordate de mis relaciones con mujeres. De mi debut. Del problemita hormonal.

Pasábamos bien, ¿eh? Éramos los dueños del mundo. Me gustaba tu compañía. Siempre te estaba buscando. Y, a vos, yo te fascinaba. El Tato nos presentó, y enseguida le dio envidia. Yo sé que te hablaba mal de mí. Te decía que yo era delicado de salud, que estaba siempre enfermo, siempre tomando remedios. Qué sí, estaba en los equipos, iba, jugaba. Pero no rendía, y me daba un trabajo enorme.



CONTINUARÁ...

miércoles, 11 de enero de 2012

Unos cuantos proyectos

La casita de La Unión, la matemática, el ajedrez, la literatura, internet. El piano, la canción, la música. Tengo el germen de cada uno. Tengo el bicho del genio, para mi orgullo y pesar.


Tengo tanto miedo. Tengo miedo de morir, aunque no lo crean. Yo, el discípulo de Castaneda. El regador de palos de escoba. El compañero de la niña de rojo. El que saluda, con los monjes: “recuerda que vas a morir”.

Ése, sí, el gitano. Ése teme morir. Galopa el temor de no abarcar. Sufre por ser finito. Teme sin fin.

Viejos amigos

Aplicaciones sucesivas de Pitágoras pueden hacer maravillas. Como el volumen de la esfera, o de la conjunción de dos cilindros cruzados a noventa grados. No parece dar, empero, para el área o el perímetro de la elipse.

Para el volumen de la esfera, y demás cuerpos inscritos en un cubo, cuentan también ciertas sumas descubiertas por Euler, entre ellas el límite de la suma de los inversos de los sucesivos naturales.

Oficialmente

Pocho fue al siquiatra. Quiere que vaya yo también. El técnico de la familia sostiene que no es necesario. Ahora, qué quieren que les diga: yo, con un certificado de orate, estaría hecho. Lo blando ante el que venga a joder.

Y lo duro en algún entrepierna. Si es poco peludo, mejor.

martes, 10 de enero de 2012

De amplio espectro

Tengo bronquitis. Hace días. Jugando al básquetbol casi me muero. Jugamos cinco partidos. Fue en los últimos dos que me fallaron los pulmones. Puse el automático y seguí. Ando bastante bien. Aunque me duelen tupido las rodillas. Tomo Algirelax, un antiinflamatorio. Antialérgico también tomo, sí, pero en otros momentos. En las crisis. Alérgicas, claro. En las emocionales me meto en la cama.

Hice el intento de meditar. Las figuras del juguete perfecto se adueñan de mí. Es como ser workoholic. No lo controlo. Como el cigarro.


Un cúmulo de perfecciones. Decenas de figuras hechas por dios. Coexistiendo en paz. Compartiendo el ser. Siendo a la misma vez. Yo soy yo, y soy tú. El soy tú, y eres yo.

Voy perdiendo el interés por lo que no sea abstracto o la bebida. Me llaman distintas mujeres, y cuando apunto a contactarlas razono que no quiero verlas, o mejor oírlas. Recuerdo experiencias y resuelvo quedarme como estoy.

No es así, ves, con el ajedrez. O con la matemática. Te diré que incluso con la música y la literatura estoy sintiendo ese ansioso desgano.

El problema es que no escribo. Si escribiera estaría bien. No sé en qué momento se me vino encima. Si todo rodaba.

Qué tiempos aquéllos, en que escribía con fluidez. Me sentaba en un aeropuerto y llenaba un cuaderno. Sin exagerar. En serio, te digo.



Bueno, escribía bastantes páginas.

lunes, 9 de enero de 2012

Opinión crítica

Story line, dice. Como en el cine. En inglés. Seguro que no vio películas de Woody Allen. Seguro que no entendió Pulp Fiction, donde lo crucial es narrado. La literaturización del cine. Un ataque frontal a la dictadura de la imagen. El contracine. Antes y después de Tarantino.

Story line, dice. Yo no leí lo suyo, así que no puedo decir, por mi lado.  Lo que les puedo decir, es que
 de vago a artista hay tan poco
 como de esquizofrénico a místico.

viernes, 6 de enero de 2012

Calvinismo católico

¿Quién puede, hoy, imaginar un catolicismo puro? Calvino reformó, realmente. Creo su escisión y modificó el tronco original, inevitablemente. ¿De dónde, si no, viene el Ursus Miei? Lo terrenal recuperó terreno en la iglesia católica, apostólica y romana. De la mano de Calvino, a quien dieron en llamar Italo por error, siendo como era de un país más al norte, cuyo nombre no recuerdo.

La santificación del trabajo. La redención por la prosperidad. El éxito como carta de membrecía de los elegidos.

martes, 3 de enero de 2012

Merodeador conceptual perenne

Se me va de las manos. Veníamos bien. Me distraigo con el ajedrez, y la geometría. Postergo, yo también, lo importante. Me ha abordado una ansiedad que creí superada. Son demasiados objetivos. Demasiados deseos. Sí, deseos. Ambiciones. Aunque sean conceptuales, aunque no quiera más que conocimiento, me mata el ansia. A mí también, sí. La estúpida megalomanía. El miedo a la muerte, a que los quince minutos se acaben sin que pase nada. A que no llegue la gloria, interna o externa. A que ni descubra ni me descubran. Al frío de ser viejo, solo, y pobre. A la imposibilidad de ser reconocido, o de disfrutar de compañía. A perder, in somma. A ser un enorme mediocre. A tocar en un espectro amplio pero sin técnica ni registro. A perder al ajedrez, al tetris, al barreminas. A no tener más que un barnicito de Internet, y exclusivamente del lado del cliente. A tocar el piano como un artrósico. A componer jugadas sin pizca de imaginación. A estudiar geometría espacial y particiones regulares sin la menor oportunidad de acceder a esencia alguna. Un merodeador conceptual perenne. Un tigre que no salta. Un asaltante pusilánime, irresuelto y perezoso. Aquejado de vicios capitales en guarismos mayores que uno. Pereza, en cabeza. Lujuria que se va perdiendo, a riesgo de volverse depravación. Avaricia: ¿quién lo duda? Esa petulante aspiración a genio, a descubridor. Esa urgencia sorda por agarrar desprevenido a lo desconocido.

Diecisiete formas posibles de partición regular. El área de la elipse. La leminscata, y demás curvas curiosas, trascendentes, de mágica denominación. Los npúmeros divinos, además de pi y e. El contenido informativo del aura, propia y ajena. Mantener cuatro pelotas de tenis en vilo. Soltar el pie derecho para recibirme de baterista. Arpegiar a dos manos sin presentir calambres. Cantar como B. B. King, o Ray Charles, sin rastro visible de melanina. El único albino músico es Ermeto. No puede haber dos, como en Highlander.

No parece haber lugar para vos entre los grandes, chiquitín. Y entre los enanos te negás a estar. ¿Entonces? La disyuntiva no cede, pibe. Seguís ahí, en precario equilibrio de trompo que pierde fuerza.

Y las mujeres. Las incómodas mujeres. Y el Pocho, con su Roipnol. Y la noche con sus junetes perdidos y sus excesos inconducentes. Y la chacra de las chircas. Y la casita de La Unión, que, si bien avanza, no se resuelve. Y la guita que se acaba. Y los laburos que se rechazan, por convicción, por amor a una valentía inexistente. Por fidelidad al personaje que aspira a aspirar a parecer genial.

El juguete perfecto. El engendro del rabioso. El milagro de un cubo compuesto de secretos innumerables. La galera de conejos geométricos. La muñeca rusa de líneas graciosamente simples. El ingobernable Autocad.

Y el básquetbol, con este asqueroso dolor de rodillas.
 Y la tosecita persistente.

Y la lista móvil de fans, de sexo variable. Y la sensación de mico descastado, de payaso venido a menos, de vástago incapaz de satisfacer a sus progenitores, de lector penosamente insuficiente, de administrador aburrido e intransigente.

Llegué. Aburrido e intransigente, los adjetivos esclarecedores.

domingo, 1 de enero de 2012

A desalambrar

Hay, incuestionablemente, un componente cultural fuerte y claro. La mesa fue diseñada con 3 patas, pero sólo le andan 2. Al Poder Ejecutivo no le interesa ejecutar, tanto como al Legislativo no le interesa relegislar o controlar. El sistema electoral requiere modificaciones a los gritos, cambios que nada tienen que ver con el emplaste que logró su único objetivo: obstaculizar el ascenso de la izquierda. Pero me estoy yendo de tema; ya volveremos. Agrego nomás que no es el sistema bipartidista el caduco, sino el tripartidista.

La pata renga es, efectivamente, el Poder Judicial. Como el seudómbudsman, está malherido desde el vamos. La cabeza del PJ (no, no es el peronismo) es designada por el Legislativo. ¡Volvé, Montesquieu! ¿Qué afiebrado bulbo raquídeo concibió tal desvarío?¿Cuotificación partidaria en la Suprema Corte de Justicia, a plena luz del día? ¿Are we kidding?

Pero eso también es otra historia, pequeño Adam. El atavismo cultural que me ocupa no es el grosero pisoteo a los fundamentos teóricos de la democracia moderna, ésa que vive y lucha con sus dos siglos largos de actividad ininterrumpida. No, no, cofrades. El verdadero escollo es el descreimiento general en el ámbito judicial, tomando el término en una acepción amplia que incluye, las más de las veces, pasos administrativos previos. Aún con una innegable cultura democrática, Uruguay no parece creer que el cobro y el uso de la recaudación fiscal y cuasifiscal están también sujetos a la Constitución y la Ley. Los políticos, íconos (aún si despreciados) de una nación carente de figuras o modelos extra fútbol, se encargan de dejar en claro que esa vía no existe. Lo hacen por conveniencia, por ignorancia, por incompetencia, por lo que sea, pero trasmiten explícita e implícitamente que la composición y descomposición de la recaudación y el gasto del aparato estatal es su competencia exclusiva. Incluso (y fundamentalmente) cuando ellos mismos señalan sus propias aberraciones (la desagradable autorreferencia es por motivos estrictamente enfáticos, pagando el debido precio estético). Los trapos se lavan en casa. Se tiran sus piedritas entre pares, con el estruendo de la tribuna, y aquí no ha pasado nada. No crean que olvido la aprendida calistenia de las manifestaciones, las huelgas de brazos caídos y estómagos vacíos, las carpas, los campamentos, las ocupaciones, los desfiles de caballos, zorras, tractores y detractores. Lejos de contradecirme, esto confirma la afirmación: estamos absolutamente convencidos de que sólo accedemos a un pequeño trozo del pastel del ruido en los medios. Buscamos la llave en el zaguán del vecino; ahí hay más luz.

Constitucionalmente hablando

Tomen sus Constituciones, hermanos, por favor. Abranlas ahora en la Sección II. Librito verde, de lomo cuadrado (plano, mejor), bastante más amplia y hermosa que el boletín ensamblado en dos grampas ferruginosas que estudiamos en aquellos lejanos y cómodos días...

Según el libro de cabecera, que, por una vez, desplazamos de la mesita de luz, tenemos derechos. Nosotros, los no políticos, los no funcionarios (huy, perdón), los establecidos, los de cuarta, los ciudadanos de a pie, podemos, según dice, reclamar más cosas que el voto.

Empiezan confiriéndonos el honor, el trabajo (que, sepanlón, está espeshialmente protegido por la ley, y debe ser distribuido imparshial y equitativamente) y la propiedad. Te digo una cosa: con cualquiera de ésos yo ya reclamaría. 1: están pisoteando mi honor con el despilfarro. 2: ¿cuántos son los que quieren trabajar de portero por milky verdolaga? ¿50.000? ¿100.000? Nos da para una banquita en el Senado, mirá vos.  3: lo que me sacan en impuestos injustificados (pido encarecidamente se me informe de la eventual existencia de algún país, en el globo o aledaños, que tenga un IVA igual o mayor que .23) es, indubitablemente, mi propiedad, mi contante y sonante propiedad.

Después, como los cerdos de Orwell, nos hacen saber que somos iguales que todos. Ante la ley, dice. A pesar de que la Carta confiere a la Asamblea General la potestad de interpretarla, oh barbaridad, me voy a permitir interpretaciones, a riesgo de ir en cana por inconstitucional, delitos de lesa nación. Creo que sería injusto, amén de absurdo, no darle un sentido laxo a la palabra ley. Ley: el conjunto de lo que nos rige. Así, ser iguales ante la ley es serlo ante el Estado, esa persona multipersonal, esa Santísima Infinidad que no existe como tal, que necesita de alguna de sus mascaritas para ser. Ese Nosotros que definimos por convención, para poder vivir sin matarnos, es la quintaesencia de la Ley, digo yo.

Entonces, cabasheros, estamos, qué duda cabe, ante una flagrante, continuada y polifacética violación del Texto Magno.
Cacho, vos que trabajás en la contru por cuatro quinientos, jugadazo y muerto de frío en el andamio, no sos para nada igual ante el Estado que el mostro que empalma $ 18.000 por abrir la puerta y llevar papeles y café. Tiene que usar uniforme, ta bien, pero es la única a su favor. Decime la verdad: por $ 13.000 más y la abolición del frío y el riesgo, ¿no te pondrías un conjuntito azul?
Tito, enfermero en el hospital de Melo, me confirmó que se vendría a la capital, sin dudarlo, para ganar 5 veces lo que gana por no trabajar en el Palacio.

Y no se andan con chiquitas a la hora de darnos las debidas garantías. Todo órgano del Estado tiene que respondernos por el daño que nos cause. Y todo ciudadano (ergo también los de cuarta) puede pedir lo que quiera ante cualquiera de las mil caras del ogro filantrópico. Redondito: el BROU, la UTE, el Palacio, que nos devuelvan la platita de todos esos años de exceso de sueldos que hemos pagado sin chistar.

Me permito un pequeño meandro para destacar un par de perlitas de la inconstitucionalidad institucional nacional. Vean ustedes qué sabrosa candidez.

Sin cortapisas ni matices, no señor. Capítulo XX, artículo YY.En ningún caso las cárceles pueden mortificar a los presos. Permitime que me sor-ría. ¿No es inconducente? Esto hace inevitable la inconstitucionalidad. Los presos están siempre mortificados, hermano. Más allá de esa pequeña gracia, lo que sí aparece como rotundamente inaceptable (en los términos de la glorificada Carta) es la sobrepoblación de los institutos de reclusión, moneda corriente, sabido es.

Igual apreciación corresponde a la categórica e ilimitada obligación del Estado de proveer para bobos, locos y lisiados,| Capítulo ZZ, versículo JJ. Regocíjense conmigo, cofrades: ¿qué creen que pasaría si Don Orione y Aldeas Infantiles cerraran sus puertas, como hicieron, en su momento, el Tupí Nambá, ONDA y el Sorocabana?

Desde Israel: voten a Ron Paul y dejen que mi gente se vaya

Artículo de Rafi Farber, publicado en Settlers of Samaria

Últimamente he estado teniendo problemas para dormir. Me siento en mi sala, acá en Karnel Shomron, en la octava noche de Chanukah, pensando qué otros milagros nos esperan el 3 de enero y en los meses siguientes. Tengo el nombre Ron Paul constantemente en las puntas de mis dedos. Lo tecleé tantas veces este mes que resulta demencial. Siento un entusiasmo que pocas veces he sentido, y eso que ya ni vivo en América. En el último debate republicano me levanté a las 3 de la mañana de Israel para verlo en vivo a las 8 de la tarde EST en YouTube, y no me dio pereza en absoluto. Estoy sobregirado, y no puedo bajar las revoluciones.

Recién hace poco me di cuenta de la verdadera razón de esta excitación.

Al principio me interesé en este asunto de la libertad cuando oí que Ron Paul quería suspender toda la ayuda internacional, incluyendo la que recibe mi país. Me pareció una idea espectacular. Odio recibir dinero de los contribuyentes americanos, cuando no lo necesito. La razón por la que lo aceptamos no es, les comento, sólo que lo necesitemos. Es que no nos gusta sentirnos solos. Los judíos siempre sienten una profunda soledad, un profundo aislamiento existencial. “Viéndolos desde la cima de la montaña, observándolos desde las alturas, ésta es gente solitaria, que no se incluye entre las Naciones”, dice Balaam del Pueblo de Israel en Números 23:9 . Todavía sentimos esa soledad. Así que aceptamos el dinero. Es vergonzoso, es un robo, es moralmente reprobable, y hace que la gente nos odie por meterlos en un conflicto en cuya solución nada tienen que ver. Yo quería que la ayuda se cortara, pero no confiaba en que ningún líder israelí renunciara a ella por las suyas. Así que me puse a indagar sobre Ron Paul.

Me encontré con cosas fascinantes. Me enteré en los foros de gente que, allá por 2008, le dio poco menos que su vida. Algunos hicieron aportes de campaña que no se podían permitir, a otros su dedicación exclusiva y enfermiza les costó el matrimonio. Esto me resultó impresionante. Al principio no entendía cómo, pero después de unos días de oírlo empecé a darme cuenta.

¿Qué tiene Ron Paul, que lleva a la gente a tales extremos? ¿Por un lado apoyo demencial, y por el otro tanto miedo y desprecio? Les doy la respuesta en una palabra: alma.

El alma esencial de un ser humano es libre, por definición. La idea de que los hombres somos libres por obra de Dios es un concepto que escapa a la mayoría de la gente. Esto se debe a que la mayoría de las personas quiere controlar a los otros, quiere sacarles su libertad. Esto normalmente se conoce como el afán de poder. El afán de poder es opuesto a la libertad, ya que poder significa la capacidad de controlar a los otros. Hay sólo un uso legítimo del poder, sea poder militar, legislativo o ejecutivo: la legalización de la libertad.

Ron Paul no quiere ser presidente para “darme” libertad. Él ni me dio la libertad, ni es el dueño de mi libertad. Ron Paul quiere ser presidente por una única razón, que es parar de castigar a la gente por usar la libertad que tiene por derecho propio. No quiere poder. Eso es claro para cualquiera que lo oye.

Hay dos tipos de seres humanos. Los que quieren poder, y los que quieren libertad. Se ve muy fácilmente quién es qué. Los que quieren libertad son filosos. Son consistentes, de principios, y cuando hablan uno puede sentir su alma. En algún lugar del ciberespacio espiritual hay un continuo de almas, y cuando entramos en contacto con alguna de esas almas nos damos cuenta enseguida, porque las almas son libres por definición. Sentimos sinceridad, realidad, consistencia: un ser humano libre. Si en nuestra búsqueda de libertad entramos en contacto con un alma humana de verdad, nos hacemos adictos instantáneamente, y devoramos todo lo que podamos encontrar de ella. Queremos unírnosle inmediatamente, sean cuales sean las discrepancias. En este movimiento para la libertad hay gente a la que no le gusta Israel, en especial los “colonos” como yo. A mí no me importa. Si buscan la libertad, yo lo percibo, y mi inclinación hacia el individualismo se transforma súbitamente en un deseo de fundirme en un colectivo – pero un colectivo de individuos libres. Una hermosa dialéctica. No importa en qué estamos de acuerdo y en qué no, mientras estemos de acuerdo en la libertad.

Nos hacemos adictos a Ron Paul y buscamos desesperadamente más y más. Cualquier video viejo, cualquier discurso desconocido, cualquier cosa que haya dicho que no hayamos oído, aunque sí lo hayamos oído mil veces, con otras palabras. Es inevitable. El ansia voraz de usar la libertad que Dios nos dio nos domina por completo. Como si de repente cayéramos en la cuenta de que somos humanos, y la Imagen Divina con que Dios nos creó cobrara vida y se inflamara.

Pero hay otra cosa que nos pasa. Una vez adictos a Ron Paul, ya no podemos aguantar escuchar a los que buscan poder. En cuanto arrancan a hablar se nos revuelve el estómago. Antes nos parecían simplemente aburridos. Ahora son revulsivos. Oír a Romney o Gingrich o Bush u Obama nos da náuseas, y nos preguntamos cómo hace Ron Paul para resistir los debates sin que se le revuelva el estómago. La fachada política que son estos candidatos resulta tan transparente que parece un fantasma que nos saca su lengua etérea. Es insoportable.

Lo que nos enfurece, cuando oímos a Romney o Gingrich, es que hay un tipo ahí parado diciendo cosas, pero no hay alma. No son hombres libres. Son hombres de poder. No es que Romney o Gingrich no tengan alma. Sí que tienen. Son hombres como nosotros. Lo que pasa es que prácticamente prendaron sus almas en su búsqueda de poder, en su afán de controlar a los otros con afirmaciones como “¡Quiero reducir el presupuesto y agrandar el aparato militar!”. Y lo dicen con toda la cara, imperturbables, como si fuera una grabación, sin alma. Su humanidad está tan enterrada bajo la montaña de mentiras que se contaron a sí mismos, que ni ellos mismos ni nosotros podemos siquiera sentir sus almas en el continuo humano. Un hombre libre puede llegar a volverse loco con el espectáculo de un cuerpo humano que habla sin un alma que comunique.

Ron Paul nunca baja en las encuestas, y esto se debe a que no está “convenciendo” en el sentido habitual, diciendo que tiene razón en el tema que sea. Lo que está haciendo es activar almas humanas, encendiendo fuegos espirituales de a uno al hablar de libertad. No hay vuelta atrás, una vez que un alma ha sido activada, y la persona entiende que ES libre, más allá de lo que le hagan o le digan. Los otros candidatos tratan de captar atenciones con frases impactantes que suenan bien. Los esclavos siguen estas frasecitas en patota, siguiéndose unos a otros de candidato en candidato. Sin prisa pero sin pausa, Ron Paul va activando unas pocas almas de las que se inclinan en la turba, de las que pasan de un candidato que se repite a otro, de una campaña de frases impactantes a otra. Así es cómo Ron Paul sube en las encuestas.

Y sin embargo no podemos esperar que todos los hombres, las mujeres y los niños entiendan el mensaje de libertad y se entusiasmen con él. La realidad es que la mayoría simplemente no lo soporta. Ser libre de verdad es tan aterrador como estimulante. La Biblia nos habla de esto muy claramente en la historia del Éxodo desde Egipto. Cuando Moisés aceptó finalmente el rol de intermediario en la relación con Dios, se le encomendó comunicar lo que sigue a mis tatarabuelos los israelitas:

“Por lo tanto, di a los israelitas: Yo soy Dios. Yo los liberaré de las cargas impuestas por los egipcios, y los conduciré fuera de sus ataduras. Los redimiré con mi brazo extendido, a través de señales asombrosas. Y los tomaré, para que sean Mi pueblo. Y yo seré su Dios, y ustedes sabrán que Yo soy el Señor que los liberó de las cargas impuestas por los egipcios". (Ex. 6:6-7)

¿Y qué respondieron mis abuelos?

“Y Moisés dijo estas cosas al pueblo, pero no oyeron, debido a su falta de espíritu y a sus lazos de crueldad”. (6:9)

No todo el mundo puede manejar el mensaje de libertad. Para algunos es demasiado aterrador, otros simplemente están demasiado esclavizados. Ésos son los que desprecian a Ron Paul. Gente similar a los que se rebelaron contra Moisés en el desierto, y trataron de volver a Egipto. La libertad es más de lo que pueden tolerar. No pueden manejar este don Divino. Quieren, necesitan que alguien los controle. Sus almas han sido demasiado castigadas con esclavitud, impuestos y guerras.

Aún así, Dios forzó a mis arrogantes tatarabuelos a dejar Egipto, y es por eso que ahora estoy acá, predicando libertad otra vez, peleando por la libertad de America, y también por mi libertad, por liberarme de la influencia americana en mi región.

¡Voten por Ron Paul, y dejen que mi gente se vaya, otra vez! Dejen de entrometerse, paren de tratar de comprar influencia dándome dinero. ¡Paren de querer ser el Pacificador todopoderoso, y déjennos resolver nuestros problemas por las nuestras! Si nosotros creemos que Irán es una amenaza, nos las arreglaremos, y aceptaremos las consecuencias. No son problemas de USA, y además ustedes no están en condiciones de financiar otra guerra.

Ahora entiendo por qué hay gente capaz de darle todo a este hombre. Cada vez que le preguntan: “¿Usted legalizaría la heroína?”, Ron Paul responde: “¡Yo quiero legalizar la libertad!” Es muy poquito lo que esta gente entiende de que la libertad es mil veces más adictiva que la heroína.

¡Judíos americanos! ¡Despierten! ¡Dejen ir a sus hermanos israelíes! Fuimos la primer Nación que Dios liberó, y brindamos al mundo el concepto de libertad, cuando dejamos Egipto hace 3000 años. Es tiempo de dar el ejemplo para el que fuimos elegidos.


El autor, Rafi Farber, es miembro de Jews for Ron Paul, y maneja el sitio World of Judaica. Pueden escribirle a settlersofsamaria@gmail.com