viernes, 10 de febrero de 2012

Fuera de foco

Pasó un buen rato mirando las estrellas, pensando en ella y en dejar de fumar. La veía de espaldas por el comienzo de Soca, con su ropa. Claudia vestida de Timo por Pocitos, pisando fuerte con los hombros altos y la cabeza adelantada. Cayó en la cuenta de que recordaba, en realidad, la foto. Eso lo llevó a las otras fotos, en el jardín del edificio de al lado. De foto a foto pasó por el culo de un obrero, parado en el andamio de la obra de la heladería, frente al Valerio, al sur por Avenida Brasil. El culo, curiosamente, ni se veía. Resultaba, nomás, una foto de la reja que rodeaba al edificio. Tan solo un hermoso primer plano de reja antigua, repujada. Enfocado en el portón, entre los pilotes coronados de frisos de colores. Era buena la foto. El no la había sacado. Recordó su intención de ampliarla hasta que se viera el culo, razón de la foto. Hasta que se viera la media raya de culo gordo y flaco. Bajo un buzo marrón de lana, entre una cintura inexistente y un cinturón negro, caro, fuera de contexto. El culo no se veía, y tampoco las viejas que se paseaban del brazo por el patio del fondo del edificio de al lado, el mismo de la foto de Claudia disfrazada de Timo. Pero visto de atrás. Otro corte, digamos. A cual más achacosa bordeaban el muro como un animal enjaulado, como el oso polar del zoológico de Barcelona luego de meterle un litro de Lexotán en la sangre. El oso llegaba al trote hasta el borde del pedacito de hielo en que lo forzaban a pasear su portento, su exuberancia, su hermosísima potencia. Y las viejas suspiraban de ángulo a ángulo de ese cuadrilátero exiguo y a la vez enorme. Sembrado, por más ironía, de hamacas y toboganes multicolores. Pero la foto no muestra eso. Sólo un patio del fondo de un edificio de Pocitos, visto de arriba, lleno de juegos infantiles de fierro. Las viejas no se ven, por más que se amplíe. Se funden en las baldosas monolíticas, entre rosado y gris. Más allá de las ilusas aspiraciones del artista, conocen su lugar, y lo respetan. Son un dechado de pudor: dios les dé varios meses.