sábado, 16 de septiembre de 2017

Te quiero. Tal vez te destruya.

Está claro que Guilligan lee a Cortázar. Y que no es al revés, ya que Julio se nos murió, hace un tiempo ya.
Traveller y Horacio construyendo un puente imposible con tablones, y Walter y Pinkman disputándose el intento de matar la mosca, son la misma metáfora. Hasta ahí llego. Ahora, si me apuras, no sé decirte qué me quieren decir.
La muerte se asoma, se anuncia, sonríe. Acecha como un amigo más, sentado a la mesa, conversando. Eso, ella. De nuestro lado, la muerte se intuye, se anticipa, se teme.
La otra cara es el afecto teñido de rivalidad. Te quiero, pero tal vez te destruya. Te destrato, pero te protejo.
Y bueno, ya tengo un título para este esfuerzo a la Kundera. Milan busca encontrar la metáfora esclarecedora. Yo chapoteo tratando de esclarecer la metáfora.
Y ésta no es la única metáfora mortal que Breaking Bad toma de Rayuela. También está la muerte de la novia de Pinkman observada en pasiva tensión, vivo homenaje a la callada observación de los amigos de la Maga de que Rocamadour está, efectivamente, muerto. Walter no actúa intencionalmente. Los pretensiosos hipercultos que caminan París no actúan porque no saben qué hacer.

jueves, 14 de septiembre de 2017

La resurrección de Arimatea

El cuerpo del Maestro debió pudrirse en el madero, como el de Barrabás. En cambio, dicen que murió sorprendentemente rápido, y que su cuerpo fue reclamado. Con éxito, además.
Si hay resurrección, no puede haber cuerpo. Arimatea pudo robarlo desde el sepulcro, que era de su propiedad. Pudo incluso llevárselo sin más, y enterrar los sudarios, sin el cuerpo. Enterrarlos sin enterrarlos. Era una cueva, no un pozo.
Tanto como seguidor secreto, Arimatea podía ser detractor secreto. Al pedir el cuerpo dejó de ser un cristiano encubierto. Si no lo mataron a él también, por traidor al gobierno colaboracionista que integraba, es que no era cristiano, o es que era un genial malabarista de la intriga.
Pudo robarlo por encargo de cualquiera de ambos bandos. A los cristianos les interesaba que el Rabbi resucitara. A los gobernantes, que se pudriera, o que se creyera que lo robaron. A ambos, entonces, podía interesar que se regara la inconcebible patraña. Pudo robarlo por encargo de ambos.
La historia de Arimatea puede arrojar luz. Si no certeza.

martes, 12 de septiembre de 2017

Faena clandestina

Con el invalorable apoyo de los reclutas de Sabana Grande, el Gobierno Bolivariano de Venezuela logró desarticular una red de contrabando contrarrevolucionario.
Desde su apartamento en el séptimo piso de una avenida céntrica, Agapito Mas, 48, suministraba carne sin la debida habilitación.
El antisocial fue identificado por su vecina contigua, que sospechó al verlo bien alimentado y enérgico.
La Brigada Higiénica incautó cuatro tramperos, una bolsa llena de residuos de origen farináceo, y varios quilogramos de latas de conserva que el delincuente obtuvo con la venta de carne, primariamente de paloma.
El delincuente construyó 4 (cuatro) armazones tipo andamio, con los que lograba nivelar sus tramperos con la baranda de su balcón, y así engañar a las incautas aves. 3 (tres) de los tramperos parecían antiguos, y exhibían herrumbre en sus alambres. El cuarto era de fabricación casera, claramente reciente. Esto último refuerza la creencia de que el negocio prosperaba.
La Brigada Higiénica colabora con el Destacamento Policial Revolucionario de Sabana Grande para identificar a los compradores que se beneficiaron de este organizado esquema subversivo.


domingo, 8 de febrero de 2015

EJE SINORRUSO

Un posible escenario futurista de ficción política es China y Rusia aliados en un futuro cercano, torciéndole el brazo a occidente. Occidente (USSA) tiene el poder militar, pero se rehúsa a usarlo a gran escala. China y Rusia tienen las riendas de los mercados. Combinados, pueden hacer caer a los bonos del tesoro. Pueden empezar, si quieren, con los de Freddie y Fanny. China es la segunda economía del mundo. Rusia la octava. Tienen ambas enormes reservas de oro. Son vecinas. Son extensísimas territorialmente. Son enemigas históricas, lo que constituye una baza importantísima de occidente. Pero eso puede cambiar. No tienen por qué ponerse de acuerdo en todo. Pueden tener una alianza financiera, o monetaria. Caso a caso, nomás, pueden coordinarse para actuar en el mercado financiero. Gradualmente, pueden avanzar en el escenario geopolítico. Como Rusia recuperó Crimea, China puede tomar las islitas disputadas con Japón primero. Luego tomar Taiwán, por qué no. Hong Kong ya está en el bolso.
Imaginar este mundo. Un mundo en el que Rusia y China, combinados de manera extraoficial, ponen de rodillas a USSA, poquito a poco. En principio veo como inevitable la reacción militar de USSA, ya que ése es el recurso que le queda. No es creíble que el complejo industriomilitar se entregue sin pelear. Pero hay argumentos a favor de que sí ocurra. Un ejemplo reciente es la implosión de la URSS. Potentísima militarmente, igualmente cayó. Y cayó de manera incruenta. ¿Por qué? Porque se compensó a los militares de alguna manera. Los magnates militares se transformaron en la oligarquía mafiosa rusa.

De más está decir que el oro sería un arma central de esta embestida rusochina. Una moneda conjunta basada en oro sería un golpe potentísimo. Claro, el asunto está en el límite. El negocio del eje asiático es mantener la batalla a nivel financiero. Empujar y ganar territorio, pero no hacer que USSA y NATO recurran a la guerra a gran escala.

JOROBADITO

La historia del loro empieza con el consultor. Esta, surge de la del salvador, que a su vez tiene sus cimientos en la del dotor. El dotor, por su parte, mana del molinero. Y ahí, por suerte, se acaban los registros.
El loro colgó sus zapatos y arrancó. Así, pendientes de su hombro, el talle no contaba. Poco a poco fue transformándolos, convenientemente. Al final eran llaveritos de niña, y no llamaban la atención. Amén de los zapatitos (que no le apretaban), el loro cargaba con la infaltable mochila de enorme pasado. La carga lo empujaba al sur, al influjo inevitable del campo magnético. Su madre, sus amigos, la favela entera le imploró que la dejara.
-¡Qué vas a hacer con todo eso en la espalda! Ni siquiera vas a poder dormir.
-Es una joroba, Mangarí. Me la gané en un cementerio, y no me la pienso operar. Me pasé de ambicioso, y me tocó la joroba. Fue en España. Así que no es una joroba, en realidad.
-Es una mochila…

-Es una chepa. En verano, al volver de la ardua jornada, paraba en “El hórreo” a recomponer mi balance interno, con whisky y canapés. En igual situación, aunque bebiendo cerveza, había un jorobadito. Una de esas noches, Notredam llegó derecho como una estaca. Ante los ojos exorbitados y las bocas abiertas de los contertulios, hizo una reverencia y se sentó, la mar de sonriente. “Pero Notre”, le dije. “¿Qué pasó?” “Notre nada”, respondió. “Desde anoche, exijo que se me llame Lázaro. Miren bien. Resulta que, volviendo de la plaza de deportes, elegí pasar frente al cementerio, tratando de superar mis miedos. A los poquitos metros de muro, oigo la voz: “Lázaroooo…. Lázarooo…” No me daba cuenta de que era a mí. La falta de costumbre. “Notredam… Notredam”. Inundado de reverente pavor, contesté, bajito y finito. “Sí… aquí estoy…” “Notredam… ¿qué llevas en la esplada?” “Una chepa”, respondí. “Trae para acá”, dijo la voz de ultratumba, bien grueso, mezclada con el viento. Y así quedé. ¡Pechito de paloma!”. “¿El cementario de Cuatro Caminos?”, dijo el cojo, sentadito junto a mí. “Voy para allá”. “Te acompaño”, le dije, y arrancamos los dos. Tres metros de muro, y tal cual. La voz sorda, embedida en los remolinos de aire, bailando con las bolsas de plástico: “Pablo… Pablo”. Nosotros mirábamos para todos lados. “¡Ufa, che!”, dijo la voz, más bajito. Y luego “Cojo… Cojo…” Mi amigo reaccionó ipso facto, muy entusiasmado: “¡Sí, sí! ¡Acá estoy!” “¡Acá estamos, acá estamos!”, dije yo, dos veces, mientras movía los brazos sobre la cabeza. “Cojo… ¿qué llevas en la espalda?” “…Nada”, dijo mi amigo, confundido. “Toma una chepa”, dijo la voz. Y se ve que rebotó, o que era mucha joroba para uno, porque el Cojo quedó cojo y jorobado, y yo también.

lunes, 10 de marzo de 2014

PRISION DOMICILIARIA

Cada ser humano es un congreso de voluntades. Muchas de ellas son idiotas. Cuando los idiotas de su congreso toman el mando, los humanos hacen idioteces. A juzgar por los resultados visibles, los congresistas idiotas deben tener mayorías circunstanciales la mayor parte del tiempo.

Sin duda algún idiota, o grupo de idiotas, había tomado su cerebro. Sin esto, resulta inexplicable que haya ido por las suyas a contarle al opresor sobre su nuevo paradero. Bastaba quedarse como estaba para seguir seguro. No señor: fue hasta las oficinas de la Recaudadora e hizo cola para comunicar su dirección presente y local.

Resultaba bastante zalamero, el del mostrador. Licenciado para acá, licenciado para allá. El recién llegado había hecho media hora de cola, y ahora le comunicaba sus coordenadas presentes. El dependiente terminó de digitar los datos, e imprimió dos copias. “Una para usted, licenciado. La otra me la firma en la línea punteada, por favor”. Desconcertado e incómodo, no contuvo sus automatismos y firmó. El dependiente lo despachó con una muy respetuosa sonrisa.

Unos meses después, llegó la intimación del Fondo. Le comunicaban que debía, y que por tanto debía presentarse en las oficinas del Fondo para pagar lo que debía. Lo que debía no se establecía en la intimación, y él sabía que no debía nada, ni al Fondo ni a nadie. Ignoró la intimación. Con esfuerzo, a las cansadas, terminó estableciendo el vínculo entre la Recaudadora y el Fondo. Sin pedirle permiso, ni informarlo, la Recaudadora había dado al Fondo sus datos. ¿Por qué? Porque el Fondo quería cobrarle. ¿Para qué? Para que el Fondo lo intimara.

Justo es decir que no todas las instituciones de recaudación de aportes traicionaban a sus afiliados. La Mutual de Ingenieros no le brindó información al Fondo. Sostuvo que no estaba autorizada a hacerlo, y ganó. Tanto la Mutual como la Recaudadora se deben a sus afiliados. Una lo tuvo en cuenta, la otra no.

Algo similar debe haber sucedido con las Agencias Previsionales. Lo más sencillo para el Fondo habría sido usar a las Agencias como usaba a la Recaudadora, o pretendía usar a la Mutual. Se sigue que las Agencias no cooperaron con el Fondo. El aparato estaba claramente dividido. Otra de las infinitas rajaduras del sistema. Por esas rajaduras es que se escapa la gente. Hay que estar atento a las rajaduras.

Para el caso, la traición de la Recaudadora era suficiente. El Fondo volvió a intimarlo, esta vez de forma certificada. Volvió el intimado a ignorar la citación, pero esta vez no resultó. Llegó una citación judicial, mucho más preocupante pero igualmente ignorada. El paso final fue el par de gordos de azul, con cachiporras y 38. Esos son más difíciles de ignorar.

Luego de establecido el nexo judicial oficial con el Fondo, los gordos soltaron los brazos del detenido, que volvió a la relativa comodidad de su domicilio. El intimado tenía un abogado, y estaba litigando. Era suficiente para no tenerlo guardado. El abogado hizo su recomendación habitual: pague usted. El intimado se mantuvo en sus trece: no debo nada, no pago nada. La consecuencia natural era la cárcel: jaulas diseñadas especialmente para humanos que no logran satisfacer al amo.

La tarea del abogado pasó a ser cómo mantenerlo fuera de la jaula. El argumento del intimado no era del agrado del abogado, y por tanto renunció. Según el protocolo, le fue asignado un defensor de oficio. El intimado no quería abogado, ni propio ni de oficio. Pero eso no integraba el universo de lo posible. El defensor de oficio terminó blandiendo el argumento del intimado, aclarando que no era suyo sino del intimado. Y el planteo pasó. Se coló por alguna de las múltiples rendijas. Tal vez el jefe del abogado se asustó. Tal vez al abogado le hizo gracia el planteo, y sintió que él no corría riesgos.

No sabemos si le resultó simpático al defensor. Es pura especulación. Sí sabemos, a ciencia cierta, que le hizo mucha, mucha gracia al juez. Le sacó una piedra de molino de encima. Le quitó la responsabilidad de hacer el planteo él. Podía, después de décadas, ponerse del lado de la gente, y sin perder el trabajo. Tal vez un poco de prestigio. Pero ya estaba viejo, igual. Ya no iba a tener más ascensos. Para este juez, el planteo del intimado fue una fruta caída del cielo.

El intimado argumentaba así. No había tenido diferencias con la ley en su larga vida. Nunca había agredido a nadie, ni física ni económicamente. No era peligroso, y sí era confiable. Por tanto, no había necesidad de ponerlo en una jaula en la que sufriría hambre, frío, maltrato e inseguridad. Recalcaba primero que no le debía nada al Fondo, y luego pasaba a atacar a la pena en sí misma, independientemente del delito. No había justificación alguna para la tortura implícita en la jaula de humanos. Si el amo quería recluirlo sin caer en violencia injustificada e innecesaria, tenía que guardarlo en situación segura y decorosa. Su inmerecida e injustificada pena era de reclusión, no de tortura. Si el estado sólo quería privarlo de su libertad, tenía que hacerlo de modo de evitar hambre, frío, hacinamiento, malos tratos, riesgo de muerte. En el supuesto estado de derecho reinante, cada extra sería reclamado por el intimado, que pasaría de demandado a actor. La reclusión del intimado no sería un costo para el aparato. El intimado correría con los gastos que, razonablemente, asegurarían una prisión domiciliaria segura.

El intimado logró su prisión domiciliaria.

El juez se jubiló con la conciencia tranquila, a disfrutar de haber alcanzado la bonhomía, a contárselo a sus nietos en cada reunión familiar.

El defensor encontró la veta y hoy es rico. Sacó 4000 personas de las jaulas oficiales. Unos pagaron más, otros menos, pero fueron 4000 facturas a gente que le debía nada más ni nada menos que su libertad física.

Las jaulas comunales están descongestionadas por primera vez en cincuenta años. Con un número de internos llevado a la mitad, los que siguen adentro están mucho mejor.

Y los jueces ya no mandan a la gente presa a ciegas. Primero hay un lugar decoroso a donde mandar al reo, luego va el reo a la jaula. A todo aquel que no es peligroso para la sociedad, se le permite la prisión domiciliaria, a su costo.

miércoles, 26 de febrero de 2014

SABEMOS CUMPLIR - 7

Viene de SABEMOSCUMPLIR - 6

Cultura, curiosidad científica, espíritu de empresa, confianza, recursos ilimitados. Los ingredientes necesarios para llevar adelante un experimento en que los sujetos sean humanos. La pareja infértil tuvo que renunciar a su instinto de cuidar, proteger y desarrollar a algún humano chiquito. Estaban sujetos a reglas que eran desfavorables para su proyecto. No les faltaba riqueza. De ser por el precio, habrían podido pagar y mantener cinco niños. Lo que les faltaba era poder. Poder saltearse las reglas. Poder no ser vistos por el aparato represor. Poder ser transparentes, en el sentido válido de la expresión. La transparencia no es una categoría moral, sino práctica. Es transparente aquel que no es detectado por la máquina de impedir. El satélite lo ve, pero no lo denuncia. La policía sabe dónde está, pero no lo va a buscar. Nadie que no pueda sacudirse de encima al jinete oficial tiene recursos ilimitados.

Había que conseguir bebitos. Muchos bebitos, de distintas características. Un infante estaba más allá de las posibilidades de nuestra altamente solvente pareja occidental. Pero Jurgen y Leopoldo consiguieron cien: veinte alemanes, treinta rusos, y cincuenta africanos. Niño más, niño menos. Mitad varones, mitad nenas. Algunos los compraron, otros los raptaron, otros los retiraron oficialmente de hospicios y orfanatos. Estado e iglesia colaboraban. Como en política o en tenis, un cambio de uno tiene un efecto de dos. Si el opositor se retira, gano uno. Si se pasa a mi bando, gano dos. Los religiosos de los orfanatos los entregaban gustosos, haciendo de cuenta que se regocijaban por la vida mejor que les esperaba. Los burócratas llenaban los papeles de salida, indicando como receptor del niño a la Comisión Bilateral Belga y Germana para el Bienestar. Sin indagaciones. Sin seguimiento.

CONTINUARÁ